Hablar de la muerte con niños y niñas no es fácil, pero es necesario. La muerte forma parte de la vida, y aprender a hablar de ella desde la infancia es una herramienta fundamental para un desarrollo emocional saludable.

A menudo evitamos el tema por miedo a causarles dolor o porque nosotros mismos no sabemos cómo abordarlo. Aun así, se ha demostrado que el silencio no protege; lo que realmente ayuda es una comunicación honesta, adaptada y acompañada de apoyo emocional.

Es importante tener en cuenta que el objetivo no es evitar ni eliminar el dolor, sino acompañarlo.


El duelo infantil

En la infancia, el duelo se expresa de forma diferente y no siempre es evidente. Los niños y niñas pueden alternar momentos de tristeza con juego o aparente normalidad, lo cual no significa que no estén procesando la pérdida. Esta forma intermitente de duelo puede confundir a los adultos, pero es completamente normal.


La importancia de decir la verdad

Es importante utilizar un lenguaje claro y honesto. El uso de eufemismos como “se fue” o “está dormido” puede generar confusión y miedo. Los niños y niñas necesitan explicaciones concretas, siempre adaptadas a su nivel de comprensión. Decir la verdad fortalece la confianza y les permite hacer preguntas, expresar emociones y elaborar la pérdida de forma saludable.


Qué pueden hacer los adultos

  • Ser honestos y claros, adaptando el lenguaje a la edad.
  • No ocultar la realidad, dosificando la información.
  • Acompañar emocionalmente, respetando sus sentimientos sin juzgar y aportando validación emocional.
  • Permitir que se expresen.
  • Proporcionar un espacio seguro.
  • Mantener rutinas.
  • Mostrar nuestras propias emociones (sin desbordarnos) para normalizar el duelo.


La importancia de participar en los rituales

Los rituales aportan estructura a la pérdida y permiten a los pequeños y pequeñas despedirse. Además, les ayudan a integrar lo ocurrido y convertirlo en algo real. Es crucial ofrecer la oportunidad de participar, sin obligar. En el caso de no querer participar en, por ejemplo, un funeral, se pueden ofrecer otras alternativas (escribir una carta, hacer un dibujo, etc.).

Los adultos tienen un rol clave en acompañar estos procesos:

  • Explicando el sentido del ritual.
  • Preparando al niño o la niña para lo que verá o vivirá.
  • Validando sus reacciones (sea tristeza, curiosidad o incluso indiferencia).


Además, pueden realizarse rituales posteriores, proporcionando un espacio para el recuerdo y ayudando a que el niño o la niña entienda que el vínculo permanece. Algunos ejemplos son hablar de la persona fallecida, visitar lugares simbólicos o encender una vela.


Escrito por Marta Abián.